jueves, 3 de enero de 2013

Paz o guerra.


¿Tan difícil es obtener la paz?

No entiendo el porqué de las guerras. Esa forma de destruir nuestras propias vidas, esa forma de malgastar el tiempo.
Si tenemos suficiente capacidad como para iniciar una guerra, deberíamos tenerla para pararla. Para detener más muertes, para evitar sufrimiento, para evitar luchas, etc.
Ya sabemos que una paz total nunca va a existir, pero al menos, debemos esforzarnos para evitar guerras, corrupciones, asesinatos, injusticias y esas cosas que solo hacen de nuestras vidas, una preocupación ilimitable.
Así que lancémonos un propósito. Por cada discusión o lucha que tengamos, debemos pensar en las consecuencias, en quién va salir realmente afectado. Pensar en eso y hacer lo posible para buscar una solución. ¿Parece más fácil iniciar una lucha que buscar una solución, verdad?

Siempre queremos ir hacia el camino fácil, así somos los humanos. Y no debería ser así. Presumimos de ser la especie con tener más capacidad e inteligencia. Pero en realidad, algunas veces nos equivocamos. Y deberíamos preocuparnos en buscar la felicidad, no nuestra autodestrucción.

Así que piensa, paz o guerra.

El amor.


No te preocupes, puedes si quieres. Solo has de creer en ello. Es simple si te lo propones, si tienes el valor de hacerle frente.
Lo vas a olvidar cuando dejes de creer que hay posibilidades. El amor es así, es complejo pero a la vez simple. Es aquella pequeña adrenalina que te hace subir tan alto, que cuando aterrizas, te parece un salto demasiado fuerte, demasiado duro. Es como si del cielo, bajaras a la tierra. Pero en realidad, esa adrenalina no puede durar para siempre, para poder estar otra vez en esa pequeña nube, has de caer, has de bajar del tren y explorar otras opciones. Así cuando vuelvas a subir a otro vagón, todo te parecerá nuevo y volverás a experimentar esa magnífica sensación.

Y ahora, lo único que has de hacer, es decidir si seguir permaneciendo a ese tren y sufrir, o cambiar de rumbo.